DURANGO
Ciudad de película: bella, luminosa, perfecta por su cielo diáfano. ¡Luces, cámaras, acción!... y comienza a rodarse una escena en una calle virreinal, en un paraje indómito y agreste o, quizás, en los bucólicos pasillos de una noble casa hacienda tanta veces filmada, tantas veces proyectada en la pantalla grande del sétimo arte.
Y es que Durango por su cariz antiguo y su aire cargado de pasado fue el escenario dilecto, la locación engreída para rodar las clásicas películas del viejo oeste, esos filmes trepidantes y llenos de aventuras con vaqueros valientes, bandidos taimados y lindas señoritas que regalaban gracia y coquetería en los mustios ambientes de un saloon.
Todo comenzó con la filmación de Pluma Blanca, en 1954. Luego, Durango se convertiría en la "tierra del cine", especialmente del western, al rodarse más de 120 películas, al construirse un "corredor cinematográfico" con edificios y ranchos, similares a los del oeste norteamericano. Tiempo después se levantaría los Álamos, un pueblo ambientado en la década del 40 del siglo pasado. |