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Thread: San Salvador, el esplendor de una ciudad (1880-1930)

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    San Salvador
    El esplendor de una ciudad (1880-1930)

    Palacio Ejecutivo o Casa Blanca de El Salvador, 1892

    Palacio Ejecutivo o Casa Blanca de El Salvador construido entre 1867-1868 en el predio que a principios del siglo XIX ocupara la casa solariega de los presbiteros independentistas Nicolas, Vicente y Manuel Aguilar.

    Palacio Ejecutivo o Casa Blanca de El Salvador construido entre 1867-1868 en el predio que a principios del siglo XIX ocupara la casa solariega de los presbiteros independentistas Nicolas, Vicente y Manuel Aguilar.

    Utilizado también por la Corte Suprema de Justicia (1898), la Escuela Politécnica Militar (academia que funciono, en varios sitios, entre el 24 de agosto de 1900 y el 17 de febrero de 1922) y la dirección general de Correos (1911), fue en este lugar donde se desarrollo la sesión que dio origen, el 22 de septiembre de 1912, al Ateneo de El Salvador.

    En esta fotografía se muestra el reloj instalado en 1893 en la torre de Casa Blanca. Este bello e histórico edificio se incendio el 21 de marzo de 1918 y en su predio fueron construidas las sucesivas edificaciones de los cines Popular y Libertad.








    Interior del Almacén Schwartz San Salvador El Salvador, 1930


    Ubicados en el interior del Almacén Schwartz, vemos a don Roberto Schildknecht, quien posa parado frente a un exhibidor de telas y maniquíes.


    Roberto Schildknecht desembarcó en las playas salvadoreñas el 30 de mayo de 1933, luego de una navegación de 28 días, y quedó deslumbrado por la belleza del paisaje y la calidez del clima y de la gente.

    Venía de la vieja Europa, que había quedado agotada y devastada después de los horrores de la Primera Guerra Mundial, tenía 23 años de edad y la ilusión de construirse un mejor futuro en este desconocido pedacito del Nuevo Mundo.

    No traía consigo dinero ni otras pertenencias, pero le sobraba entusiasmo y optimismo.

    Había nacido en San Gall, Suiza, en 1910. Su padre era un modesto diseñador de encajes y bordados, y su madre había muerto durante la epidemia de gripe que abatió a Europa, cuando él apenas contaba con ocho años de edad.

    En San Gall se había graduado en la Escuela de Comercio, a los 18 años. Su idioma materno era el alemán, pero él aprendió francés e inglés, y decidió estudiar además el español como tercer idioma extranjero.

    Supo que en París había oportunidades de trabajo y hacia allá se marchó. Consiguió empleo en una empresa exportadora de pieles, como encargado de la correspondencia en alemán, francés e inglés. Pero el joven quería más, y después del trabajo, por las noches, estudiaba una especialización en la carrera de Comercio.

    Terminada esa especialización e informado de que a muchos de sus colegas les iba muy bien en las colonias francesas, tomó cursos por correspondencia en la Escuela Superior de Colonias. El esfuerzo dio frutos: a principios de 1933 recibió cuatro ofertas de trabajo provenientes de ultramar: Dakar, Madagascar, Saigón… y San Salvador.

    A lomo de mula bajo el sol, bajo la lluvia

    Cuando por fin pudo ubicar el pequeño país centroamericano en el mapamundi, y supo que ahí se hablaba español, no vaciló en aceptar la oferta de empleo ofrecida por la Casa Shwartz: un contrato por cuatro años con un salario de 150 colones mensuales (60 dólares en aquél tiempo).

    A los pocos días, ya en San Salvador, hizo sus cuentas y digamos que su situación no era precisamente la de un potentado: “hechura de un traje, 30 colones (por suerte la empresa me regaló el casimir inglés para el traje); una camisa Arrow, 4. 50; lavandería, 5; un par de zapatos a la medida, 10; alquiler de una habitación, 30 mensuales; las tres comidas: 2 diarios; una botella de whisky Sandy McDonald; 4.50; una cajetilla de cigarros Casino, 30 centavos”. Total: 84 colones, sin contar imprevistos ni otras minucias.

    En fin, y al menos en teoría, le quedaban 66 colones libres. No era mucho, pero el joven suizo había heredado de sus mayores, además de una serie de valores y principios que regían estrictamente su vida, una máxima que lo acompañaría para siempre: “Si no cuidas el centavo, no mereces el colón”.

    Pero había otro detalle: el trabajo tampoco era precisamente una holganza en un lecho de rosas. Se trataba de vender telas por todo el país; lo cual implicaba, en aquellos tiempos, viajar a lomo de mula bajo el quemante sol por retorcidas veredas polvosas en verano, y bajo la lluvia y por los charcos y lodazales en invierno.

    Pero al joven Schildknecht, como queda dicho, le sobraba optimismo y entusiasmo. Y así, a puro lomo de mula recorrió la entera geografía salvadoreña en intensas jornadas que comenzaban muchas veces a las dos de la madrugada, con apenas algunos momentos de descanso para almorzar a la orilla del camino bajo la sombra de un árbol. Muchos años después recordaría:

    “Mi ayudante estaba a cargo de tres mulas: una para mí, otra para él y otra para la carga, que consistía en mi valija personal y los muestrarios de tela. Al pasar los ríos crecidos mandábamos adelante la mula de carga por ser el animal más fuerte, o llevábamos lazos para que la gente en la ribera opuesta nos ayudara a pasar y evitar así ser arrastrados por la corriente.

    Los trayectos más largos eran de Ilobasco, de donde salíamos a las cuatro de la mañana, para llegar a las 12 del día a Sensuntepeque; y luego de Sensuntepeque, de donde salíamos a las dos de la mañana, para llegar al mediodía a San Vicente”.

    Un viejo Ford, el amor y el negocio propio

    Los lugareños de los pueblos más remotos del país lo vieron llegar, una y otra vez, con sus mulas y sus muestrarios de tela, con la sonrisa a flor de labios y un franco apretón de manos que, para sus clientes, valía más que cualquier factura, recibo o contrato.

    El joven agente viajero tenía la habilidad de multiplicar la clientela, pero sobre todo tenía el don de convertir a los clientes en amigos entrañables y duraderos. Porque a la simpatía natural, Roberto Shildknecht sumaba otros atributos: honradez, puntualidad, eficiencia y exactitud en sus negocios.

    A principios de los años cuarenta, las mulas por fin fueron sustituidas por un viejo Ford modelo “T”. El progreso personal había sido lento y sacrificado pero muy sólido. Tenía una vasta clientela en todo el país y un ahorro; había cumplido 31 años y ya era tiempo de pensar en echar raíces.

    La flecha de Cupido lo esperaba en uno de sus recorridos por la zona oriental, precisamente en la ciudad de Santiago de María. Ahí quedó prendado de la mirada dulce y azul de Clara Scheidegger, una joven nacida en esa ciudad pero de padres suizos.

    Se casaron en 1942, y pronto vinieron tres hijos: Heidi, Rodolfo Roberto y Alfredo Pablo. Entonces Roberto Shildknecht repartió todo su esfuerzo y su energía entre los dos pilares que fundamentaron su vida: el trabajo y la familia, su fórmula para la plena felicidad.

    En 1954, después de 21 años de recorrer el país entero pueblo por pueblo al servicio de la Casa Schwartz, la Compañía Suiza de Seguros, Helvetia, lo elige como Agente General para El Salvador.

    Pero además, él obtiene poco a poco una serie de representaciones de otras importantes empresas transnacionales como Gillette, Procter & Gamble y 3M entre otras. Así nace su independencia como hombre de negocios y funda la firma Roberto Schild & Co.

    El negocio de seguros se afianzó y prosperó durante 14 años años, pero en 1968, Helvetia decidió cerrar sus operaciones en América Latina, “debido a la proliferación de leyes proteccionistas de las empresas nacionales, y a problemas políticos y económicos en muchos países”

    Esa situación, que en principio suponía un problema, fue convertida en una buena oportunidad por don Roberto: al año siguiente, en 1969, luego 36 años de residencia en el país, obtuvo la nacionalidad salvadoreña y poco tiempo después, a principios de 1970, con el ahorro de toda su vida y la ayuda de clientes y amigos, fundó la Aseguradora Suiza Salvadoreña, S. A., ASESUISA. Esa empresa, que nunca dejó de crecer bajo su dirección, ganó muy pronto el liderazgo en su rama.

    Antiguos clientes, colegas, colaboradores y empleados de don Roberto, aseguran que la principal característica de su modo de hacer negocios, además de la honradez, la eficiencia y la exactitud en el cumplimiento de los contratos, era su extraordinaria capacidad para imprimir en la atmósfera de trabajo una gran calidez humana, y un espíritu que se desbordaba de la amistad a la familiaridad.

    La fórmula

    En 1990, al cumplir 80 años de edad y 57 de haber arribado a estas tierras, don Roberto Shildknetch decidió retirarse de los negocios y dejar su legado económico y de valores a sus hijos y nietos.

    Sus más antiguos empleados no recuerdan un día en el que no estuviera sonriente en su oficina a las siete de la mañana en punto. Sus hijos y nietos no recuerdan un día en que faltara al almuerzo y a la cena familiar.

    -¿Qué es lo que usted más admira en su padre?
    –le pregunté hace unos días a doña Heidi, su hija, y ella no vaciló en responderme lo siguiente:
    -Que fue un hombre plenamente feliz.

    ¿Y cuál cree que fue su fórmula para lograrlo?
    -El respeto estricto a los valores que heredó de sus mayores, y que se resuelven en cuatro cosas sencillas: honradez, educación, trabajo y familia.

    Don Roberto murió en 1996 a los 86 años de edad. Su vida fue útil y buena para él y los suyos, pero también fue y es un ejemplo para todos nosotros. Un día salió de Europa muy joven, y como se dice, con solo una mano atrás y otra adelante, pero “con entusiasmo y optimismo”, y a fuerza de trabajo incansable logró hacer de este pequeño y humilde país, El Salvador, su tierra promisoria. Fue aquí donde encontró el futuro.


    Hotel Nuevo Mundo San Salvador El Salvador, 1916
    Podemos apreciar el Hotel Nuevo Mundo, su dueño era don Alexander Porth, fue después ocupado por el Hotel Astoria y el Almacén de abarrotes Veciana. En esta pagina reproducida de “El Libro Azul de El Salvador”, distinguimos los detalles de, los exteriores e interiores del Hotel Nuevo Mundo, situado frente a la esquina suroriental del Palacio Nacional.

    Embelesados por sus lámparas, muebles y decorados, vemos la entrada a su comedor (1), una esquina del mismo (2), a su propietario, señor Porth (3), una toma de su edificio (4), sala de estar (5) y su bar o cantina (6).


    Hotel Nuevo Mundo San Salvador El Salvador, 1924
    Podemos apreciar el tranvía y el Hotel Nuevo Mundo, su dueño era don Alexander Porth, fue después ocupado por el Hotel Astoria y el Almacén de abarrotes Veciana.


    Fotografía de San Salvador Antiguo 1880-1930



    Edificio de Correos Nacionales de El Salvador, 1905


    Edificio de Correos Nacionales de El Salvador, 1923
    Edificio de Correos Nacionales de El Salvador. Utilizado en épocas anteriores como Instituto nacional, Escuela Politécnica Militar, Corte Suprema de Justicia y Palacio legislativo, en una de sus salas interiores se llevo acabo, el 30 de enero de 1925, la sesión que , por segunda y definitiva vez, dio origen a la Academia Salvadoreña de Historia. Inaugurada en 1886, esta edificación fue destruida por un siniestro provocado en la noche del 9 de noviembre de 1955.


    Hospicio de Huérfanos, El Salvador 1924
    En los predios donde funciono la Casa, Capilla e Iglesia del Patrocinio-primer hospital general de la ciudad, fundado en 1806 por el filántropo español Fernando Antonio Escobar (1725-1807)-, vemos la cornisa y balcones enrejados del bello edificio del Hospicio de Huérfanos, los cuales contrastan con la calle de tierra y piedras.
    Semidestruido por el terremoto de 1917, en la actualidad su predio es ocupado por el mercado municipal “Sagrado Corazón” y su guardería infantil, que se encuentra alojada en el sector sur de lámina y hierro del antiguo Hospicio




    Señoras dan un paseo previo al concierto de la Banda de los Altos o Supremos poderes
    San Salvador El Salvador, 1924

    Antes el Palacio y Universidad nacionales y el edificio de Correos, unas señoras dan un paseo previo al concierto que la Banda de los Altos o Supremos poderes –dirigida por Dressner, Cousin, Drews, Aberle o Müller- o la marimba Atlacatl ejecutaba en el Parque Bolívar por las tardes. La ventana de la Tesorería General de la República se vislumbra a la derecha del fondo.


    Universidad Nacional y Escuela politécnica San Salvador El Salvador, 1927
    Universidad Nacional desde los jardines en bloques del parque Bolívar, sitio de las conversaciones vespertinas de los capitalinos


    Universidad Nacional y Escuela politécnica San Salvador El Salvador, 1890
    Personas y diligencias transitan frente al edificio de la Universidad Nacional. A su lado, Correos Nacionales, local en que funcionaron -en periodos anteriores- el Instituto Nacional, Corte Suprema de justicia y la Escuela politécnica militar. Ahora es ocupado por el Parque “General. José de San Martin” o Predio Universitario.



    Interior de la Universidad Nacional San Salvador El Salvador, 1904
    Siempre ubicados en el interior de la Universidad Nacional, subimos por las escaleras y llegamos al Segundo nivel, donde tenemos ocasión de apreciar la grave belleza de su paraninfo o salón de actos públicos.


    Gran Sala de obras clásicas de la Biblioteca Nacional
    San Salvador El Salvador, 1904

    Gran Sala de obras clásicas de la Biblioteca Nacional, centro cultural fundado en 1870 que conto, entre sus directores más destacados, con los escritores modernistas Francisco Gavidia y Arturo Ambrogi.

    En esta sección se alojaba la rica colección bibliográfica que perteneció al cardenal italiano Lambruschini. Compuesto por textos en latín, griego, francés, ingles y español de los siglos XVI al XIX, dicho acervo de 6,000 volúmenes fue comprado por el gobierno salvadoreño al general mexicano Manuel Larrainzar, en 1868.



    Casa del medico y alcalde Ramón García González
    San Salvador El Salvador, 1924

    Casa del medico y alcalde Ramón García González , hoy Centro Comercial José Matías Delgado, dado que allí se localizaba, a inicios del siglo XIX, la residencia de este presbítero y doctor, prócer de la independencia centroamericana.


    La Casa Ambrogi, San Salvador El Salvador 1927
    Considerada el primer rascacielos de Centro América, vemos la casa Ambrogi. Construida entre 1875-1888 con adobe, madera y lamina en atención al encargo del general Constantino Ambrogi, fue inaugurada, inconclusa, en 1985, dañada por el terremoto del 10 de octubre de 1986 y demolida en 1996.
    Sus salones albergaron a la casa de habitación del escritor modernista Arturo Ambrogi y a una serie de hoteles, periódicos y muchísimos pequeños negocios. En la actualidad, su predio es ocupado por un parqueo privado.




    Procesión del Santo vía crucis en San Salvador
    El Salvador 1924

    Panorámica de la procesión del vía crucis del día Viernes Santo que marcha hacia el este de la sexta calle. A la izquierda, el hospicio de huérfanos (actual mercado sagrado corazón de Jesús). A la derecha la casa de don Aníbal Salazar (1885-1957), quien efectuó la toma de esta fotografía.


    Casa Mugdan San Salvador El Salvador, 1924


    Casa Mugdan, fundada en 1985 como una distribuidora de maquinas de escribir, pianos y pianolas que era propiedad de los alemanes Félix y Salvador Mugdan y de su socio Max Freund.
    Liquidada en 1935, después fue ocupada por la Casa de la Música y ahora su local es sede de una sucursal del supermercado la Despensa de Don Juan. Al fondo, Portal de Occidente.


    Palacio Municipal de San Salvador El Salvador,1900
    Palacio Municipal, construido en 1887 en el mismo predio que ocupo el Cabildo colonial (1545-1873). Fue destruido por un incendio en la noche del 24 de febrero de 1919 y es , en la actualidad, sede del predio Municipal de Relojeros.


    Palacio Municipal de San Salvador El Salvador, 1916
    Interior del Palacio Municipal, en uno de cuyos locales funciono la sala de reuniones y biblioteca de la Academia de Ciencias y Bellas letras de San Salvador, fundada el 20 de mayo de 1888.


    Boda en San Salvador El Salvador, 1927

    Podemos ver a una pareja que abandona –entre honores de ordenanza- el Palacio Nacional.


    Exposición Nacional de El Salvador, 1904

    Un momento de la inauguración, en 1904, de la Exposición Nacional de El Salvador y de Finca Modelo.



    Presidente Dr. Alfonso Quiñonez Molina, San Salvador El Salvador 1928
    Frente a la entrada principal del Palacio Nacional, el presidente Dr. Alfonso Quiñonez Molina aborda el carruaje oficial “Victoria”.


    Club Internacional, San Salvador El Salvador 1924

    En un vistazo, apreciamos el espacio central interno del Club Internacional.


    Interior de una vivienda privada, San Salvador El Salvador 1916
    Entre muebles de mimbre, conexiones eléctricas y de teléfono, escupideras y otros elementos, vemos a un ambiente de tertulia en la sala de una residencia privada.



    Bienvenida al coronel Charles “Lucky” Lindbergh, San Salvador 1928
    Escena de la bienvenida que el pueblo y gobierno salvadoreños le tributaron el 1 de enero de 1928 al coronel Charles “Lucky” Lindbergh. En 1927, este famoso aviador estadounidense cruzo el Océano Atlántico, en un vuelo solitario desde New York hasta Paris realizado a bordo de su aeroplano, el Spirit of St. Louis



    Banda de los Supremos Poderes San Salvador
    El Salvador 1924


    Entrada al Cementerio General de San Salvador -inaugurado en agosto de 1849-, en cuya Entrada de los Ilustres vemos a la Banda de los Supremos Poderes, dirigida por el músico alemán Paul Müller.

    Sin lugar a dudas, una de las mejores orquestas sinfónicas que ha tenido Centroamérica ha sido la Banda de los Supremos Poderes de El Salvador. Fundada en 1841, fue una de las primeras que tuvo el istmo, siendo la antecesora de la actual Orquesta Sinfónica. Su dirección estuvo a cargo de músicos europeos, principalmente alemanes, entre los que podemos mencionar a Emilio Dresner, Richard Hutterauch, Paul Müller, y Carlos Malhman.

    Sin embargo, es posible que el mejor director que tuvo la banda halla sido el maestro alemán Don Enrique Drews, quien nació el 31 de Octubre de 1847 en Memel, Prusia Oriental (hoy Klaipeda, Lituania) y asistió al conservatorio de música en Colonia. Estuvo casado con Elena Aschoff, con quien tuvo cinco hijos: Emilia (casada con Angel Guirola), Federico (casado con Ana María Depner), Enrique (quién emigró a Colombia), María (casada con Roberto Alvarez) y Teresa (casada con Ricardo Sagrera Puig).

    En 1876 fue llamado por el gobierno salvadoreño, presidido entonces por el Dr. Rafael Zaldívar, para sustituir a Emilio Dresner en calidad de Director de la Banda de los Supremos Poderes. La presencia del Maestro Drews al frente de ella es de gran importancia en la vida cultural de El Salvador, ya que él la reestructuró totalmente, y renovó su repertorio con obras de los más insignes compositores, como Beethoven, Brahms, Wagner, Strauss, y Mozart. Esto motivó a contratar filarmónicos en México, Guatemala y Costa Rica, lo que significó un aumento en el nivel de profesionalismo y eficacia de la banda.

    Durante su batuta, los conciertos se llevaban a cabo en los Parques Bolívar y Dueñas (ahora Plaza Barrios y Plaza Libertad), siendo constituido su repertorio, como ya se ha dicho antes, por música clásica y semiclásica. También bajo su conducción, la banda tocaba en los conciertos de maestros líricos como Goré, Meant y Wanrell, en las festividades oficiales, en las recepciones a los más altos dignatarios y diplomáticos, y en casi todos los eventos importantes de la época.

    El Maestro Drews también compuso sus propias obras, entre las cuales están “El ferrocarril galopa”, la marcha “La travesía feliz”, compuesta en honor al Dr. Rafael Zaldívar a su regreso de un viaje por Europa, el pasodoble “El Triunfo”, y las marchas militares "El 81" y "Chalchuapa". Sin embargo, su más grande legado fue la orquestación del Himno Nacional, compuesto por Juan José Cañas y Juan Aberle, y estrenado el 15 de Septiembre de 1879 por la Banda de los Supremos Poderes bajo su batuta. Su mérito por ello es muy grande, dado que la orquestación de cualquier pieza es tan importante como su letra y su música, y para poder hacerla se requiere tener un perfecto sentido de la armonía para combinar los diversos tonos de los instrumentos y crear un sonido agradable al oído que mantenga y haga crecer los sentimientos expresados por el autor.

    Uno de los momentos más importantes del Maestro Drews al frente de la banda fue en la Exposición Centroamericana de 1898 celebrada en Ciudad de Guatemala durante la administración del General José María Reina Barrios. En ella, la Banda de los Supremos Poderes de El Salvador tuvo una destacada actuación bajo su conducción, ejecutando conciertos para un público exigente con tradición musical desde la época colonial, obteniendo el Gran Premio de la Exposición en la categoría de Bellas Artes. A finales del siglo XIX, los extranjeros que visitaban El Salvador quedaban impresionados de encontrar en un país tan pequeño, un cuerpo orquestral de tan elevada categoría, que contaba con toda la gama de instrumentos, y que estaba compuesto por más de cien miembros.

    Su labor al frente de la banda fue ampliamente reconocida en el país. Aparte de las numerosas muestras de agradecimiento que muchas personas le dieron, recibió cuatro medallas de honor al mérito concedidas durante las diferentes administraciones, siendo también distinguido como ciudadano honorario de San Salvador y posteriormente como Salvadoreño Honorario.

    Estuvo en su cargo durante 35 años, teniendo una excelente actuación durante todo ese período. Su labor era tan reconocida, que dos veces anunció su retiro y las dos el presidente en turno le pidió que continuara. Fué hasta la tercera vez que el gobierno, con mucho pesar, por fin autorizó su retiro en 1911, y contrató a Carlos Malhman. Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, éste regresó a Alemania, por lo que el Maestro Drews tuvo que volver a hacerse cargo de la banda hasta 1915, año en que se retiró definitivamente a causa de su edad, siendo nombrado Director Honorario Vitalicio.

    Su trayectoria también ha sido reconocida por varios autores que han abordado el tema de la historia musical en El Salvador o han escrito obras acerca de las personalidades que han dejado huella en el país. Arturo Ambrogi en una de sus crónicas le llama "Papá Drews", y también aparece en “El Libro Azul de El Salvador”, publicado en 1916 durante la administración del Dr. Carlos Meléndez, obra en la cual se nombran a las figuras más destacadas de la sociedad salvadoreña de la época. Su labor ha sido tratada en “Estampas del viejo San Salvador”, de Julio C. Castro; en “Historia sobre el arte de la música en El Salvador”, de Rafael González Sol, quien llega a definir su perído como el momento estelar de la banda; en "Himnología Nacional" de Jorge Lardé y Larín, en el “Diccionario Histórico Enciclopédico de la República de El Salvador” de Miguel Angel García, obra que señala la importancia que tuvo el Maestro y dedica varias páginas a programas de sus conciertos y anécdotas de ellos; y en otras publicaciones sobre el tema. Además ha sido mencionado en diversos artículos sobre la historia y el desarrollo de la música en El Salvador publicados durante las últimas tres décadas en La Prensa Gráfica, El Diario de Hoy y El Diario El Mundo, en los cuales se señala su decisiva importancia para la música en el país.

    Después de más de 35 años de entregar su arte en beneficio del público salvadoreño, el Maestro Drews murió el 11 de Febrero de 1916, siendo enterrado en el Cementerio de los Ilustres.




    Salvador Country Club, San Salvador El Salvador 1927

    Ubicados sobre la calle que de San Salvador conduce a la vecina ciudad de Santa Tecla (antiguo camino del Guarumal), nos encontramos con las instalaciones externas del Country Club Salvadoreño (hoy Casa presidencial de El Salvador), un centro de recreación y reuniones exclusivo para extranjeros y nacionales de alta sociedad fundado en 1926 y construido por el arquitecto e ingeniero costarricense Daniel C. Dominguez.








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    Gracias Camaro27 muy ilustrativo tu thread s te agradece este aporte interesante ver las fotos con su debida informacion,mi familia lo esta leyendo todo.

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    Marlon Flores's Avatar
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    ¡Qué buen trabajo Camaro27! Muy completo de lo que fué la ciudad en los 1800´s. No sabía eso de la casa Ambrogi.

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    Quote Originally Posted by Marlon Flores View Post
    ¡Qué buen trabajo Camaro27! Muy completo de lo que fué la ciudad en los 1800´s. No sabía eso de la casa Ambrogi.
    para que veas Marlon que se aprende de todo

  6. #5
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    como ha evolucionado todo desde las fotos, hasta la moda me gusto ver los figurines que usaba la gente de antes.

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