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Thread: 18 de agosto de 1989-Soacha (colombia)

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    Durante los primeros 38 años de su vida, Luis Carlos Galán Sarmiento se había llamado Jorge Galán. Ese era su nombre, de acuerdo con la inscripción en su registro civil de nacimiento, que solo mucho tiempo más tarde pudo ser corregido mediante un poder otorgado a su primo y uno de sus amigos más cercanos, Alfonso Valdivieso Sarmiento.

    El primer acto político de Galán del que se tenga noticia fue en los desfiles estudiantiles de protesta contra el régimen de Rojas Pinilla. Tenía 13 años. Por cuenta de ello, fue detenido una noche en la plaza de toros.

    Pero en el episodio recibio una pedrada en la nariz, que le dejó el resto de su vida una cicatriz que habría de representar para él una especie de bautizo en la política rebelde, que fue su sello ante sus electores hasta el día de su muerte.

    Ajeno a los ideologismos, Galán estaba realmente convencido de que la solución de los problemas del país era él, encarnando el símbolo de la renovación y de la limpieza, y en ello basó su proyecto político. Algunos acusaban por ello al movimiento de Galán de ser excesivamente caudillista y excluyente. Quizás por ello fue por lo que su movimiento no resistió la embestida brutal de su muerte, y su pronta disolución demostró que el Nuevo Liberalismo era básicamente Luis Carlos Galán, punto de partida y punto final de uno de los proyectos políticos más interesantes del siglo.

    Desde niño, Galán se había revelado como una personalidad extremadamente perfeccionista: era alérgico a la mediocridad. De ese perfeccionismo son testimonios varias cartas y ciertas anécdotas no muy conocidas. Por ejemplo, en algunas de esas cartas dirigidas a sus hermanos habló así de sus aspiraciones estudiantiles: "Ante todo, ganar el año, con todo éxito. Convertirme en presidente de la academia Rafael Nuñez de la facultad. Ganar la maratón de Girardot. Leer todo lo que pueda. Obtener el cariño y la comprensión de una niña bien hermosa, sea quien sea, a la que yo quiera comprender y amar".

    En otra carta escribió: "Me preocupa empezar a crear un prestigio y defenderlo".

    Otra prueba de su perfeccionismo y disciplina estricta la constituye la oportunidad en la que, habiendo ingresado al movimiento scout, se propuso llegar a pie desde Bogotá a Bucaramanga. Pasó La Caro, Zipaquirá, Ubaté, Chiquinquirá, Oiba... y abordó un camión de panela, aunque otras versiones dicen que su padre fue a buscarlo y lo encontró rendido en la carretera. O la ocasión en la que decidió matricularse en clases de equitación, porque según él le hacía bien para la espalda, cuando la verdadera razón era que Galán quería que lo vieran entrar bien montado sobre el caballo a los pueblos a los que lo llevaran sus correrías políticas.

    Orador y diagnosticador
    Si hubiera que reconocerle a Galán las cosas que hacía mejor en la vida habría que mencionar dos: era un excelente orador, y un insuperable diagnosticador. Su oratoria no solo hacía vibrar en la plaza pública, sino que fue consagratoria en su paso por el Congreso. El que más se recuerda fue un debate que en forma abrupta le planteó Alberto Santofimio en el senado.

    Santofimio acusaba a Galán de haberle hecho juego al conservatismo facilitando la elección de Belisario Betancur. De esta confrontación salió victorioso Galán, y así lo reconocieron los senadores asistentes. En cuanto a sus diagnósticos sobre los sucesos nacionales y los problemas del país, hay muchos que después de diez años de su muerte mantienen su extraordinaria vigencia a la luz de la postración del campo, de la corrupción, de la amenaza del narcotráfico y de la violencia guerrillera, y no habría que cambiarles una sola coma para concluir que en ellos está perfectamente explicado qué es todo lo que nos viene pasando a los colombianos.

    No así sus diagnósticos económicos, sobre todo los correspondientes a sus dos primeras campañas presidenciales, que para la época algunos consideraban anticuados y controvertibles.

    Político y periodista
    Ambas cualidades, la del orador y la del diagnosticador, comenzó a cultivarlas desde muy joven, cuando la emulación entre su vocación de político y la de periodista, que siempre estuvieron entrecruzadas en su vida, lo impulsó a surgir públicamente en sus épocas de estudiante haciendo un poco de ambas cosas. Se apoderó del mimeógrafo del colegio Antonio Nariño y allí inició la publicación de sus primeros boletines políticos, que se convertirían más tarde, ya de estudiante javeriano, en la revista Vértice.

    En estos primeros quehaceres combinados del periodismo y de la política estaría la respuesta aún no suficientemente clara de por qué Luis Carlos Galán no terminó, como su juventud y rebeldía lo hacían lógico, matriculado en las toldas del MRL, sino en las del llerismo. Testigos de aquellos primeros números de Vértice aseguran que Galán se sintió inmediatamente atraído a Lleras cuando este aceptó una invitación a colaborar en la revista.

    A través de aquella "Carta a la juventud liberal" (que después se supo que era reencauchada para la revista) se supone que Carlos Lleras cautivó a Galán, pero otros testigos de la época se niegan a creer que la explicación de esta sociedad política hubiera sido tan sencilla, y le atribuyen al ex presidente Lleras cierta labor personal de convencimiento. El hecho es que el liberalismo de Galán se consolidó, y logró enganchar para el entonces candidato presidencial el apoyo de más de dos mil estudiantes universitarios.

    Recién egresado de derecho y economía en la Javeriana, el periodista y el político seguían compitiendo. Una llamada de Eduardo Santos lo vinculó a EL TIEMPO como editorialista económico, y muy pronto se convirtió en director de la sección y en asistente de la dirección del periódico.

    Pero, además, Galán se probó exitosamente como reportero. Uno de sus mejores trabajos surgió de la experiencia vivida cuando viajaba en un avión que fue secuestrado y desviado a Cuba, en 1965. La crónica de esta aventura no solo es un emocionante recuento de los hechos, sino que tuvo un final inesperado cuando, de regreso a Bogotá, Galán se propuso encontrar a los familiares de los aún no identificados secuestradores con base en unas leves pistas e, increíblemente, lo logró.

    Liberal radical

    En EL TIEMPO fue uno de los "tres arcángeles", junto con Daniel Samper y Enrique Santos, estrellas periodísticas de su generación. Se hizo buen amigo de ambos. Al igual que Daniel, Galán tuvo tentaciones místicas. El pensamiento cristiano de Teilhard de Chardin, una de sus lecturas favoritas a los veinte años, ejerció una gran influencia en su formación intelectual, y con frecuencia mezclaba sus planteamientos políticos con consideraciones filosóficas, morales y espirituales. Pero a diferencia de Enrique, Galán jamás tuvo tentaciones izquierdistas.

    Más aún, Galán no tuvo grandes brincos ideológicos en su vida. Su postura de liberal radical inculcada desde niño por las convicciones férreas de su padre fue siempre su sello político. Inspirado en ella, después de haber sido la oveja negra del oficialismo liberal, selló la unión de su partido, en uno de los momentos más lúcidos y maduros de su carrera política, como lo comprobaría la historia, no sin cierta ironía para todos sus admiradores que no concebían a Galán sino actuando por fuera del oficialismo liberal.

    Durante cuatro años de reportería en EL TIEMPO resistió las tentaciones que le ponía permanentemente en su camino el entonces presidente Lleras con el ofrecimiento de atractivos cargos, salvo por la secretaría de la delegación para la Unctad, en Nueva Delhi. De esta misión existe una fotografía de Galán de chaqueta 'Nerú' al frente del Taj Mahal.

    La oportunidad de ser ministro se le presentó en pleno Frente Nacional.

    Como se sabe, una mañana fue a hacerle un reportaje al entonces presidente recién electo Misael Pastrana, reunión de la que salió nombrado Ministro de Educación, a los 27 anos. Su aceptación vino adornada con una singular anécdota familiar.

    Por primera vez el nuevo Ministro pudo dormir solo en su cuarto, que hasta entonces compartía con tres de sus hermanos, y con frecuencia con algunos de sus 80 primos que iban y venían.

    Durante muchos años, su inmensa familia fue la única consejera en la que Galán confiaba, y en compañía de la cual diseñó y manejó el curso de su carrera. No suena exagerado afirmar que los únicos, distintos de su propia familia, que lograron descorrer el velo de su organización, fueron Rodrigo Lara y César Gaviria, este último cuando resultó escogido por Galán como director de su campaña, pocos meses antes de que cayera asesinado.

    En su cargo como ministro hizo exactamente lo que el presidente Pastrana le había pedido: "No quiero que usted reforme la educación en Colombia, sino simplemente que denuncie todas sus fallas". Con esa facilidad de Galán para diagnosticar los vicios del país, hizo eso durante casi dos años, pero los días especialmente convulsionados que se vivían entonces en el ambiente estudiantil le costaron muchos enfrentamientos, e incluso su Mercedes Benz gris fue quemado en los predios universitarios.

    Siendo todavía Ministro escogió a una colega de EL TIEMPO, Gloria Pachón, como su esposa, con quien tuvo tres hijos. Todos ellos han dejado mostrar alguna inclinación para mantener viva la vocación política e intelectual de su padre. Y de la inmensa ternura de Galán hacia su familia existen varias cartas, con frases bien elocuentes.

    En una de ellas le escribe a su hijo Claudio Mario desde Oxford, donde estuvo un tiempo de profesor, alejado de Colombia por motivos de seguridad: "Te he pensado muchísimo estos meses. Eres muy sensible, noble y tienes un mundo afectivo muy rico. Recibe todo el amor de tu padre".

    El candidato

    En 1972 fue designado embajador en Roma, desde donde le escribió a su padre una de las cartas más reveladoras de su personalidad, ya convencido de que su destino estaba definitivamente en la política, y de que ya no era hora de dejarle nada al azar. Con una extensa y cuidadosa prosa Galán se caracterizaba por ser muy preciso en las palabras revela sus planes en los siguientes términos:

    "Mi primera preocupación es saber a dónde quiero llegar y, según eso, cuál de los distintos caminos es el mejor. Mi meta debe ser un cargo o diversos cargos específicos o, en cambio, exponer determinadas ideas, de modo que ellas influyan en el país o por lo menos en Santander... Pero deseo que esas ideas sean de alcance nacional". Y más adelante asegura que buscará su fuerte electoral entre los abstencionistas y el voto femenino.

    Nuevamente el periodista se atraviesa: recibe una tentadora oferta del ex presidente Lleras para regresar al país a dirigir su publicación, Nueva Frontera. No lo piensa demasiado, pero tampoco acepta de inmediato. La pulcritud de su talante político lo lleva primero a escribirle al ex presidente una carta en la que ya queda en evidencia la bronca creciente de Galán contra el oficialismo liberal de la época, advirtiéndose al final de ella a Lleras: "Si usted, señor Presidente, considera que lo expuesto en esta carta no constituye impedimento para vincularme a la Nueva Frontera...". Y por lo visto no lo hubo, pues Galán regresó al país a hacer periodismo, pero también política, de acuerdo con esa especie de mapa que había diseñado desde Roma.

    Es en esa época cuando Galán comienza a recorrer el país en compañía de quien sería uno de sus principales aliados políticos, su primo Alfonso Valdivieso, en unas sorprendentes maratones. Compraron un jeep y viajaban todos los viernes por la tarde a Santander. La meta que se había propuesto era un voto por cada kilómetro recorrido. Regresaban a la madrugada del lunes a Bogotá, y el político volvía a ponerse la camiseta del periodista. Fue así como, en 1978, salió elegido senador con 40 mil votos que obtuvo en Santander.

    Al año siguiente fundó el Nuevo Liberalismo, con un éxito tan rotundo que en las elecciones de 1982 el movimiento alcanzó seis curules en el Senado y nueve en la Cámara.

    El congresista

    Como parlamentario promovió la modernización administrativa y fiscal de los municipios y sembró las semillas de la reforma constitucional que derivaría en la Constituyente de Gaviria y de la reforma electoral que implantó el tarjetón en Colombia y llevó al liberalismo a ensayar el método de la consulta popular para la escogencia del candidato.

    Su debate más sonado fue el que le hizo al contrato minero del Cerrejón, con el que mantuvo prendida la atención pública durante muchos días. Hoy, sin embargo, Galán tendría que aceptar que el negocio del carbón resultó siendo menos bueno de lo que él pensaba, y que en la negociación, contrariamente a lo que había afirmado en el debate, salieron muy bien librados los intereses de la nación.

    También sobresalieron sus posturas verticales sobre el tema del narcotráfico, que comenzaba a infiltrar el Congreso. A pesar de su fogosidad política y su visión futurista, era un hombre demasiado crédulo e ingenuo, y por esa puerta se le colaron indeseables personajes a su movimiento. De no ser por la decisión inquebrantable de Galán para perseguirlos y denunciarlos, incluso a costa de su propia vida, otra más grave que la actual, si es posible, sería la situación del país.

    El conciliador

    "Sepulturero del liberalismo", lo llamaron después de la Campaña presidencial del 82, cuando un Partido Liberal dividido permitió el triunfo conservador de Betancur. Por eso cuatro años después, cuando volvió a presentar su nombre a las elecciones, y después de enfrentarse con gran valentía a Álvaro Gómez en los famosos debates televisados, retiró finalmente su candidatura, para que un liberalismo unido le diera el triunfo a Virgilio Barco.

    Pero fue también en el 82 cuando Galán, aliado con Ernesto Samper y Julio César Sánchez, cometió el error más costoso de su vida política, el llamado "Grupo Sagasa". Con esa alianza quiso atravesársele, apadrinando el nombre de Carlos Ossa, a la candidatura liberal oficialista para la alcaldía de Bogotá de Juan Martín Caicedo, comandada por Hernando Durán Dussan fórmula esta última que además contaba con el beneplácito de Carlos Lleras.

    Por cuenta de ello llegó a hablarse de un distanciamiento de Galán con su mentor político, pues habían quedado en orillas distintas. El resultado fue una aplastante victoria conservadora de Andrés Pastrana.

    Durán, incluso, demostró tener más votos que Galán y Samper juntos, y el tamaño de esta derrota obligó al jefe del Nuevo Liberalismo a replantear seriamente su futuro político.

    La decisión no podía ser sino una. Su movimiento cada día reducía más su caudal electoral, pero su prestigio y credibilidad iban en aumento ante la opinión. Por eso, si Galán quería ganar las presidenciales del 90 tenía que hacerlo con el liberalismo unido.

    Demostrando un talante político muy maduro, negoció la Union de su partido con Durán Dussan. Aceptó entrar al gobierno de Barco (con quien encontró una gran identidad en su programa de lucha contra el narcotráfico), y participó en la Convención Liberal de 1988 en Cartagena, donde fue ovacionado, después de una elocuente y emocionada intervención.

    Pero todavía faltaba el paso final: entenderse con el jefe único del liberalismo, Julio César Turbay, después de haberlo increpado hasta la saciedad en 1982. "Ambos provenimos de la clase media, pero en distintas épocas", fue una de las frases que pronunció para ambientar el que pudo haber sido el paso más incómodo de su carrera.

    El final

    Faltaba apenas un año para que las encuestas demostraran lo que ya sugerían: que Galán sería el próximo Presidente. Arrancando 1989 dijo, en su primera declaración: "Este año estará sometido a explosivas presiones". Era premonitorio: lo asesinaron el 18 de agosto en Soacha. Pero semanas antes de su muerte, había entrado en un profundo estado de melancolía, fruto de un intento previo para acabar con su vida, que casi lo logra en Medellín.

    Consciente de que lo iban a matar, a Galán lo invadió una gran tristeza. Solo mitigada brevemente durante un viaje a Venezuela, donde fue recibido como si ya hubiera sido elegido Presidente. Queda sin respuesta el interrogante de cómo hubiera manejado Galán los toros que le tocó lidiar a César Gaviria.

    ¿Cómo habría sido el enfrentamiento con Escobar? ¿Qué tratamiento le habría dado a la crisis energética? ¿Se habría opuesto a la privatización y a la apertura? ¿Habría combatido el neoliberalismo? ¿Habría logrado conseguir el acuerdo político que logró Gaviria para hacer la Constituyente?

    Son preguntas sin respuesta. Lo que sí sabemos a ciencia cierta es qué perdió Colombia con la muerte de Luis Carlos Galán: perdió a un líder político, pero antes que nada, perdió a un educador político.



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    Toda la historia de Colombia se ha escrito con violencia. Sin embargo, en pocas ocasiones una frase tan breve había causado tanto impacto como la que trascendió la semana pasada en los medios de comunicación: "Pablo, mátalo. Si el es presidente te extradita". Eso fue lo que, según John Jairo Velásquez Vásquez, 'Popeye', uno de los sicarios de confianza de Pablo Escobar Gaviria, le exclamó el político liberal Alberto Santofimio Botero al temido capo. El complot estaba en marcha. Había que asesinar a Luis Carlos Galán Sarmiento, para la época el dirigente con mayor opción de ganar las elecciones.

    No era la primera vez que Santofimio le hablaba al oído a Escobar. El influyente político, considerado uno de los mejores oradores en la historia del país, acostumbraba conversar en la intimidad con el narcotraficante. Lo visitaba en sus fincas para darle sus opiniones sobre el proceso electoral de uno de los años más turbulentos en la historia política colombiana. La atmósfera en 1989 no podía ser más ardiente. La mafia estaba en una batalla sin cuartel para desestabilizar al país y evitar el fantasma de la extradición. Los bombazos tenían atemorizada a la sociedad, y el Estado estaba cada vez más acorralado.

    Habían sido asesinados líderes de la talla de Jaime Pardo Leal y José Antequera. Y meses después caerían Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro. En ese baño de sangre, Galán había salido ileso y se perfilaba como el único hombre capaz de hacerle frente a la macabra alianza entre narcotráfico y política tradicional. Era el baluarte moral del país. Galán tenía una pelea casada contra los corruptos y una guerra declarada contra los carteles de la droga. E iba a ser presidente de Colombia.

    Y Santofimio, que veía a Galán como un rival invencible para sus propias aspiraciones presidenciales, lo sabía. Por eso decidió capitalizar el odio natural de Escobar contra Galán para asesinar al líder, según dijo 'Popeye' a la Fiscalía. Parecía que no era la primera vez que el dirigente liberal le pedía al narcotraficante eliminar a un líder político. Ya lo había hecho, según 'Popeye', cuando Escobar secuestró en 1988 a Andrés Pastrana para presionar a la clase dirigente en contra de la extradición. En ese momento, 'Popeye' dijo que Santofimio le insistió en varias oportunidades al capo que la mejor manera de presionar la no extradición era asesinando a Pastrana. Escobar no estuvo de acuerdo. Pero con Galán las cosas fueron diferentes. Y el capo terminó aceptando, según 'Popeye', la propuesta de Santofimio.

    Me van a matar

    Galán sabía que lo iban a matar. Su médico personal, Augusto Leyva, ya le había advertido de una reunión entre políticos y mafiosos en una finca en Venadillo, Tolima, donde se habría fraguado su asesinato. No era la primera advertencia. Dos semanas antes, en Medellín, un ex soldado con un rocket y 12 sicarios armados con fusiles estaban en la ruta que iba coger Galán para dictar una conferencia sobre democracia en una universidad pública. Ese día la suerte jugó a favor de Galán cuando una vecina alertó a las autoridades. Pero Galán sabía que su destino estaba marcado.

    Dos días después de ese atentado fallido en la capital de Antioquia, el carismático líder viajó a Venezuela, donde su popularidad también era alta. Por esta razón el presidente Carlos Andrés Pérez lo recibió con honores semejantes a los de un jefe de Estado. Su visita fue tan exitosa que era extraño verlo tan cabizbajo. ¿Cuáles eran las razones de ese silencio , le preguntó su viejo amigo Gustavo Gaviria, un reconocido cafetero. "Me van a matar. Mañana volvemos a Colombia y me toca enfrentar la realidad". En efecto, el viernes 18 de agosto de 1989 tenía programado el último acto público de campaña en Soacha. Un sitio inseguro por las características geográficas pero de gran aprecio para Galán pues nunca olvidó que había empezado a construir su fortín electoral en Cundinamarca. Galán tomó una decisión que resultó premonitoria: no permitió que su hijo menor de 12 años, Carlos Fernando, quien lo había acompañado por 26 municipios, fuera con él esa noche.

    A pesar de las advertencias, Galán se había decidido: "El país no me va a conocer a mí como un cobarde", le dijo a su amigo. Ante la terquedad, Gustavo Gaviria llamó al presidente Virgilio Barco, quien ordenó que le enviaran un carro blindado. El Presidente no volvió a dormir tranquilo. Tras enviarle el automóvil consultó a sus asesores sobre la gravedad de las amenazas contra Galán, y uno de ellos le contó lo que había dicho el propio Galán, días antes en un desayuno en Popayán: "Si muero asesinado, para encontrar a los culpables, miren hacia el Tolima".

    Pero había mucho más gente interesada en la muerte de Galán. La lista la encabezaban los políticos corruptos, los narcos y los paramilitares. Para los primeros, Galán era un peligroso adalid de la moralidad y hasta ese momento había dado muestras de que no le iba a temblar el pulso para limpiar la política. Para los segundos, les esperaba la extradición. Y para los terceros, una guerra a muerte del Estado contra ellos.

    Pero nada pudo hacer contra este triunvirato del mal. Según 'Popeye' una facción de la vieja política, a través de Santofimio, persuadió a Escobar de que había que eliminar a Galán. Según su testimonio a la Fiscalía, se programaron varias reuniones para planear el crimen. "Alberto Santofimio le decía siempre a Pablo que Galán era su enemigo y que estaba disparado en las encuestas. Que si llegaba a ser Presidente, lo iba a extraditar porque no le perdonaba la muerte de Lara y frecuentemente le decía: 'Compadre, es Galán o nosotros".

    Pablo Escobar utilizó su brazo criminal y organizó el atentado en Medellín que fracasó. El capo paisa llamó entonces a su socio más poderoso, Gonzalo Rodríguez Gacha, alias 'El Mexicano', quien para la época había demostrado que le sobraba sangre fría para ejecutar cualquier acción mortal. Rodríguez Gacha se organizó con los paramilitares del Magdalena Medio, una naciente organización armada de extrema derecha entrenada como pocas en audaces acciones sicariales.

    Pero la labor de Rodríguez Gacha no se limitó a contratar a los gatilleros. También fue clave en sobornar e infiltrar al DAS, organismo encargado del anillo de seguridad del joven político. Precisamente, sus escoltas sabían cómo, en qué momento y dónde se iba a ubicar en la plaza de Soacha. Allí lo asesinaron. Es una imagen que los colombianos no olvidan: su cuerpo se desploma entre la confusión de varios hombres que buscan protegerlo, otros que disparan al aire y otros que se quedan estáticos sosteniendo unas pancartas. Eran las 8:40 de la noche.

    A pesar de que hasta ese momento el país vivía bajo el yugo del narcoterrorismo y las masacres salpicaban al país en toda su geografía, el crimen de este hombre fue devastador para la sociedad. Habían matado una esperanza. La gente se echó a la calle y los medios destilaban su rabia e impotencia en los titulares. El país clamaba justicia.

    Cuatro días después de la conmoción, el presidente Barco en una alocución televisada dio un parte de tranquilidad. "Les prometí que el crimen del doctor Galán no quedaría impune y aquí tienen a los asesinos", señalando varios rostros encabezados por Jubiz Hazbum, un barranquillero que se dedicaba a los cultivos hidropónicos. Según las autoridades, Hazbum actuó con otras cuatro personas también capturadas. Sin embargo, el respiro por lo que se creía que se había hecho justicia se fue esfumando luego que el Ejército salió al poco tiempo con otro grupo de sicarios comandados por Jaime Eduardo Rueda Rocha, a los que sindicaba también de ser los autores materiales del crimen.

    Desde ese momento, todo lo que conoció el país fue manipulación, confusión y contradicciones. Hazbum y los otros cuatro acusados fueron declarados inocentes después de pasar tres años en la cárcel. El grupo de pistoleros de Rueda Rocha ?quienes fueron los que realmente le dispararon a Galán? fueron masacrados uno a uno por fuerzas oscuras. La familia Galán no se cansaba de denunciar que la investigación había sido desviada y exigía que se investigara al aparato de seguridad del Estado y a varios dirigentes de la clase política.

    En semejante maremágnum de confusas noticias y después de acumular más de 400 cuadernos con miles de folios, el llamado de cientos de testigos y el trabajo de cuatro fiscales generales de la Nación, parecía que el caso de Galán iba a engrosar la larga e infame lista de magnicidios impunes de la historia política colombiana. La desazón no podía ser mayor. Se había vinculado a 37 personas, de las cuales el único condenado era Velásquez Vásquez, 'Popeye', a 26 años de prision.

    ¿Por qué hasta ahora?
    Uno de los avances significativos de la investigación ocurrió cuando se cumplieron 15 años del magnicidio. En agosto del año pasado, la recista SEMANA reveló una carta desconocida de uno de los hombres que disparó contra Galán y en la que contaba en detalle cómo se planeó y ejecutó el magnicidio.

    Se trataba del testimonio de José Éver Rueda Silva, quien antes de ser asesinado en la cárcel La Modelo le escribió a su madre, de su puño y letra, una carta en la que básicamente le decía cómo los paramilitares y narcos, en alianza con algunos políticos, planearon y ejecutaron la acción criminal. "Nuestro enlace principal, ordenado por 'El Mexicano' y Henry Pérez, era el teniente del Ejército Carlos Humberto Flórez Franco, quien dirigía la red de inteligencia del B-2 de la Décima Tercera Brigada. Por eso tuvimos éxito en la muerte del doctor Galán, del doctor Teófilo Forero y Antequera, la bomba de 'El Espectador' y la muerte del hijo de Víctor Carranza".

    Casi dos meses después, y ante semejante testimonio, la Fiscalía ordenó la captura del teniente Flórez Franco y lo llamó a juicio. No obstante, hasta hoy es prófugo de la justicia y en el expediente figura con la sindicación de homicidio con fines terroristas. Los fiscales determinaron que el ex oficial participó en el magnicidio facilitando la fuga de los sicarios y ocultando las armas en su propio apartamento.

    Cinco meses después, el pasado 28 de abril, los fiscales recibieron un fax desde la cárcel de Cómbita. Era una carta firmada por 'Popeye' y el ex parlamentario Carlos Oviedo Alfaro, quien paga una condena por homicidio en esa prisión. En el texto decían que estaban dispuestos a revelarle nuevos datos sobre el crimen de Galán. Lo hicieron porque después de años de permanecer en la misma prisión pasaron de ser enemigos a amigos con una historia en común: Santofimio. Resulta que en 1992 Escobar le había contado a Oviedo Alfaro que Santofimio era quien había ayudado a planear y diseñar el asesinato de Galán. Testimonio que coincidía con la versión de su ahora compañero de celda.

    'Popeye' aseguró que en su primera declaración ante la justicia, hace 13 años, no se atrevió a acusar a Santofimio por temor. Según él, Santofimio era tan poderoso que si él declaraba en contra no vacilaría en hacerlo trasladar de cárcel en cárcel hasta tenerlo vulnerable para asesinarlo. Hoy, según 'Popeye', todos sus enemigos están muertos, ve que Santofimio se ha debilitado y que la mayoría de personas que participaron en el crimen están muertas: todos los sicarios, 'El Mexicano', Pablo Escobar, entre otros. Por eso decidió contar su verdad.

    Para el fiscal, el testimonio de 'Popeye' era el que se había esperado durante años. Provenía nada más y nada menos que de uno de los sicarios más temibles de Escobar, uno de sus hombres de mayor confianza y uno de los que más afecto le tenía. 'Popeye' creció casi desde niño junto a Escobar. "Más que cómplices éramos verdaderos amigos", suele decir. Hoy tiene 43 años y dice que ha madurado a punta de rejas. De hecho se sometió en dos ocasiones a la justicia y en ambas con el consentimiento de Escobar.

    Para la Fiscalía, el valor jurídico de lo dicho por 'Popeye' radica en que no se trata sólo de un testimonio verbal, ni de una versión de oídas sino de uno de los protagonistas de la historia. Pues no sólo participó en las reuniones decisivas de los crímenes planeados por el cartel de Medellín sino que él mismo fue uno de los autores de estas acciones delictivas. En el caso concreto de Galán, 'Popeye' planificó la logística y ayudó a conseguir las armas de los sicarios. Y, como si fuera poco, posteriormente fue él quien les pagó y los felicitó. Además, durante años, era el encargado de llevar a Santofimio Botero a los escondites para que se encontrara con Escobar. "Es que él era el asesor político del cartel", dice 'Popeye' en la indagatoria a la Fiscalía.



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  3. #2
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    cierrenlo,nadie va leer todo eso,resumelo y puede que tengas una oportunidad,bb.

  4. #3
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    David,

    yo lo leì completo, y ahi lo resumì.


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    Primero Gaitan y luego Galan...

    Lo dicho, el pueblo se lagra su propio destino...

    Que sería de Colombia si estos dos personajes hubieran tenido la posibilidad de llegar a la presidencia

  6. #5
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    David,

    yo lo leì completo, y ahi lo resumì.

    No kodak,esta resumido?

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