Me parecio muy interesante esta editorial de El Tiempo del 09/01/2007...Creo que hay que reflexionar
El auge de centros comerciales y grandes superficies en el país durante el 2006 es otro síntoma que confirma el buen momento por el que atraviesa la economía colombiana. En Bogotá ya son casi 100 el número de espacios con estas características, mientras que en Medellín -donde tuvieron su origen hace más de 30 años- ya suman el medio centenar.
La mayoría de estos se han edificado en el último lustro. Después del inigualable Unicentro, que contribuyó a desarrollar urbanísticamente el norte de la capital, han venido otros con características similares y cada vez más enfocados a satisfacer las necesidades de los consumidores.
Hoy en día, visitar un centro comercial resulta todo un plan familiar de fin de semana: se puede ir a ellos a constatar lo último de las grandes marcas, a disfrutar de buenos espacios para comidas, cines, diversión, actividades lúdicas o por el simple placer de 'vitrinear'. En el país ya existen más de 300 centros comerciales y los expertos aseguran que siguen siendo pocos.
Por eso, no sorprende que para el nuevo año ya se estén anunciando más centros comerciales y de cielo abierto en grandes y medianas ciudades, como Pereira o Neiva. El éxito pareciera estar garantizado. Si no, que lo digan los 8 millones de compradores adicionales que hubo durante la jornada de Bogotá Despierta, de finales del 2006. Cada vez más los centros comerciales son un referente de desarrollo y progreso citadino.
Dicho lo anterior, hay que tener cuidado. Esta ola de inmensas estructuras que se expanden por nuestras ciudades no puede salírseles de las manos a las autoridades, particularmente a las oficinas de Planeación Municipal o Distrital y a los curadores urbanos.
Hay experiencias recientes que invitan a hacer un alto y mirar con cuidado bajo qué condiciones se construyen, si consulta de forma integral la calidad de vida de los ciudadanos. En no pocas ocasiones se les asocia, y a veces se les responsabiliza, del caos vehicular, del deterioro del espacio público y de zonas residenciales. Muchos de estos generan fenómenos como la venta ambulante y la inseguridad, que no pueden atribuírseles a los centros comerciales sino a una falta de control por parte de la Policía.
En aras de darles viabilidad a estos entornos, en algunos casos se cambia el sentido de las vías, se afecta la movilidad de los peatones, se privilegian espacios públicos y a la hora del reclamo, ya es muy tarde. No es gratuito el debate que ha surgido y que hemos comentado en estas páginas con los casos de Villa Adelaida, en Chapinero, donde la ciudadanía, alertada por lo que pueda suceder, ha pedido toda suerte de garantías antes del siguiente paso. Y han sido escuchados. Y los responsables de los proyectos han modificado sus propuestas en un gesto que enaltece.
O en Cali, donde el Concejo ha adelantado debates sobre la falta de cesión de zonas verdes o inadecuados esquemas de movilidad de tránsito en los centros comerciales. En julio pasado, la Comisión de Plan y Tierras del Concejo también se pronunció porque una curaduría habría autorizado a la firma Palmaseca Ltda. la construcción de un centro comercial en el oriente de Cali cuando el permiso de uso de suelo en Planeación era para un 'local comercial miscelánea'.
Bienvenidos todos los centros comerciales que deseen surgir en nuestras grandes y pequeñas ciudades, sobre todo ahora que viene un año clave para el TLC. Son necesarios, pero deben edificarse sin agredir al vecindario, midiendo a tiempo las consecuencias y escuchando siempre la voz de los ciudadanos.
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