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| SOY TICOOO!!!!!! ![]() Join Date: Apr 2007 Location: TIBAS, SAN JOSE
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| Costa Rica tiene playa, selva, volcanes y ríos torrentosos que la convierten en el mapa ideal de la aventura tropical. Desde su capital, San José de Costa Rica, excursiones a la costa del Pacífico y al Caribe. Un país tan pequeño como sorprendente y cordial en el corazón centroamericano. ![]() Con costas sobre el Pacífico y el Caribe, Costa Rica también ofrece sus encantadoras playas. Por Graciela Cutuli Página/12 Web :: Buenos Aires, Argentina Costa Rica es la pieza central de un gran rompecabezas, el de América Central, que une como un delgado brazo tendido entre el Caribe y el Pacífico los dos gigantescos subcontinentes del norte y el sur. En ese rompecabezas, complejo y diverso, el pequeño país comenzó a destacarse en los últimos años con relieve propio gracias al desarrollo de un turismo basado en la apreciación de la naturaleza: la increíble riqueza de sus montañas, selvas, playas y ríos la convirtió en un destino ecológico sin igual. Costa Rica es una suerte de puente o “corredor biológico” que participa de la naturaleza del norte y el sur, con el encanto adicional de que su clima tropical se disfruta en español, y sin esa impresión de que todo está cortado por la misma tijera que domina en otros lugares. Claro que un resort cinco estrellas sigue los mismos estándares en cualquier parte del mundo: para eso no hace falta ir hasta Costa Rica, cuya gracia está justamente en aquello que se sale del molde. No intente, por ejemplo, encontrar con facilidad la dirección de una calle (¡no hay números!), o cruzar una calle y que los autos se detengan. Pero sí espere gozar de toda la cordialidad y alegría de los costarricenses, capaces de hacer sentir al viajero que realmente aprecian su visita, y siempre dispuestos a hacerlos partícipes de sus tradiciones y sus fiestas. De San Jose al volcan A los costarricenses –”ticos”, como los llaman por su costumbre de formar los diminutivos en “itico”, como “hermanitico”, “pequeñitico”, un apodo que primero impusieron sus vecinos nicaragüenses y luego se difundió por la región– les gusta recordar que a su pequeño país, que sólo cubre el 0,03 por ciento de la superficie total del globo, le cabe resguardar nada menos que un 6 por ciento de la biodiversidad mundial. Para empezar una primera exploración, una de las propuestas es salir de San José hacia el volcán Arenal, uno de los más activos del mundo, al que se llega en unas cuatro horas de viaje por tierra desde la capital, con tramos sinuosos que hacen aconsejable moverse en vehículos de doble tracción. El volcán tiene 1633 metros de altura, y hay muchas probabilidades de verlo en erupción, un espectáculo imponente tanto de día como de noche. Al pie del Arenal, las aguas termales del río Tabacón fluyen entre una densa vegetación tropical: es la propia actividad volcánica la que calienta las aguas del río, sulfurosas y declinadas en varias cataratas. Son lugares donde vale la pena detenerse, pero teniendo en cuenta la advertencia que no dejan de hacer los agentes de viaje: la zona está incluida dentro de aquellas consideradas “de riesgo” por la Comisión Nacional de Emergencias, un dato a tener en cuenta antes de aventurarse por estos paisajes. Muy cerca, el Bosque de Paz es una reserva de varios cientos de hectáreas que funciona como conexión entre dos parques nacionales, el Volcán Poás y el Juan Castro Blanco. Para los amantes del birdwatching es un verdadero tesoro, ya que aquí es posible descubrir –con paciencia y buenos binoculares– el tucán esmeralda y el quetzal, el ave de brillante plumaje que elegían para adornarse los caciques aztecas. Hay quienes viajan a Costa Rica con el objetivo exclusivo de avistar al quetzal, y consideran sus fotos como el mejor trofeo (si ése es el fin del viaje, conviene recordar que de marzo a junio es el mejor período para los avistajes). En toda esta región, como en otras zonas selváticas costarricenses, en los últimos años se popularizó la práctica de “canopy”, es decir itinerarios de aventura a la altura de las copas de los árboles, que permiten observar “cara a cara” la vida de la selva. Isla Tortuga Costa Rica, un país entre dos costas, tiene la ventaja de que su pequeño territorio permite pasar rápidamente de un paisaje a otro, como si fueran muchos países encerrados en uno solo. Esta vez, el plan es dejar atrás la selva para conocer la costa del Pacífico y las playas “de postal” de las islas cercanas al golfo de Nicoya. Las visitas se pueden hacer con lancheros independientes o con excursiones que programan el día completo, partiendo bien temprano, alrededor de las seis de la mañana. En camino hasta el puerto de Puntarenas, donde se toman los catamaranes, se ven las plantaciones de piña y café típicas del país, ese mismo café –”cafecitico”– que cada mañana despierta a los viajeros con un aroma exquisito (aunque el desayuno costarricense es mucho más variado e incluye hasta los omnipresentes frijoles). Uno de los destinos más frecuentes en las islas de Nicoya es la isla Tortuga, y no cuesta nada comprender por qué: agua cristalina entre azul y turquesa, arenas blancas, bancos de coral, sol a pleno, aves y flores, playas solitarias. También aquí se puede practicar canopy, una de las formas más de moda del turismo de aventura, buceo o kayak. Estos paisajes exuberantes sirvieron de inspiración al autor de Jurassic Park, la novela que luego se convirtió en una de las películas más taquilleras de la historia, y motivo de un renovado interés por el mundo de los dinosaurios. La pausa del almuerzo, incluido en todos los tours por el día, es un buen momento para hablar un poco más con los lugareños, ya que la región de Nicoya tiene cultura y folklore propios, muy importantes y característicos dentro de Costa Rica: de hecho, no faltará en la visita a la isla alguna ocasión de escuchar a los grupos tradicionales de música de la zona. Rumbo al Caribe Por la noche, tras el regreso a San José, hay que planificar el siguiente paso de este viaje, que tiene como destino (partiendo como base de la ciudad de Limón) la costa caribeña de Costa Rica, famosa por sus playas y los bosques tropicales, pero sobre todo por el Parque Nacional de Tortuguero: uno más entre los muchos que protegen el territorio, pero tan particular que se lo conoce como “el Amazonas de Costa Rica”, gracias a sus canales, ríos, zonas de inundación en la confluencia de los deltas y abundantes lluvias. Entre los meses de julio y octubre, a lo largo de las playas del Parque Nacional desovan las tortugas verdes: en este período se organizan excursiones nocturnas, que vale la pena no perderse. La mejor manera de recorrer la zona es en lanchas, que se internan en los distintos cursos de agua, y –como en todas las regiones tropicales– es conveniente no olvidar el repelente, ya que el clima facilita la proliferación de los mosquitos. De todos modos, las molestias que pueda ocasionar esta clase de fauna no permiten que se pierda de vista la otra, mucho más interesante, ya que en el Parque Nacional de Tortuguero se pueden ver tucanes, jaguares y tapires, entre otras variedades. Con las mismas recomendaciones de cualquier otro avistaje de fauna: tiempo y paciencia, además de un buen guía, que también pueda ir orientando al viajero entre la exuberancia botánica de la región. También hay quienes eligen este lugar por las oportunidades de pesca: en particular sábalo y róbalo, dos especies que hacen venir a pescadores de todo el mundo para intentar la aventura. Limón caribeño Finalmente, antes de regresar a San José hay que darse un tiempo también para visitar Limón, una ciudad con toda la riqueza afrocaribeña de la región: muchos de los habitantes son descendientes mestizos de españoles, negros africanos y los chinos que en el siglo XIX llegaron a Costa Rica para la construcción del ferrocarril. Hoy día, la importancia económica de Limón está en el puerto, el más importante de la región atlántica para la exportación de bananos y café, pero no se puede olvidar su historia, ya que en las cercanías de este lugar desembarcó Cristóbal Colón en su cuarto viaje, en 1502. El acontecimiento se conmemora cada año en el mes de octubre, durante el “Carnaval de Limón”, una fiesta llena de alegría, colores, carrozas y música. Para llevarse un recuerdo inolvidable y tan diverso como el país que se acaba de conocer, y más que nunca comprender lo merecido del nombre “Costa Rica”.
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| Banned ![]() Join Date: Dec 2006 Location: Atlanta / Costa Rica
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| Que artículo mas lindo!! Muchas gracias por compartirlo con el foro TICOMAN!! | |||||||||||
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| SOY TICOOO!!!!!! ![]() Join Date: Apr 2007 Location: TIBAS, SAN JOSE
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| pagina12.com.ar Naturaleza bien protegida Con un territorio de sólo 51 mil kilómetros cuadrados, Costa Rica es uno de los países con mayor biodiversidad del planeta. Y también una diversidad cultural con raíces africanas, europeas y americanas. Un viaje al Caribe costarricense a través de los parques nacionales Cahuita, Tortuguero y el paraíso junto al mar de Gandoca-Manzanillo. Costa Rica es un paraíso verde para ecologistas y viajeros de todo el mundo que buscan aquellos lugares donde la naturaleza no ha sido degradada. En su territorio, de apenas 51 mil kilómetros cuadrados, alberga una de las mayores biodiversidades del planeta. Hay registradas 850 especies de aves; miles, incontables, especies de mariposas diurnas y nocturnas y una gran variedad de flores tropicales (solamente de orquídeas existen 1200 especies). Hoy, Costa Rica –entre otras cosas porque una parte considerable de su economía se sostiene sobre el turismo de naturaleza– tiene el sistema de parques nacionales más evolucionado de Latinoamérica, con más de 36 áreas protegidas. A esta diversidad del mundo natural se le suma una diversidad humana que reúne en un país muy pequeño a culturas y razas de, por lo menos, tres continentes: América, Europa y Africa. ESPIRITU CARIBEÑO Parecería que el mar Caribe tuviese un espíritu más persistente que el espíritu de los países a los que pertenece, una unidad de estilo que se impone más allá de las fronteras nacionales. Así, por ejemplo, Guatemala, país de inequívocas raíces mayas, tiene en la costa caribeña un pueblo llamado Livingston, que está habitado por los Garífuna, negros descendientes de esclavos africanos que pueblan también Belize y las islas del Caribe hondureño. Los Garífuna hablan un inglés creole mezclado con elementos de otras colonias europeas y del maya, y su cultura tiene aspectos comunes con la rastafari de Jamaica: cierta religiosidad, la música reggae y la danza, el estilo de vida pacífico y despreocupado, las tradiciones de raíz afro y también, infaltables, los cocoteros y los dreadlocks. Lo mismo sucede en Costa Rica que, por otra parte, es un país con escasa población originaria indígena. En los tiempos de la Conquista, las culturas precolombinas ofrecieron poca resistencia a los españoles, y desaparecieron sin dejar mucho rastro. Los habitantes de hoy, los indefinibles “ticos”, son criollos de piel oscura que hablan un español con acento norteamericano. Se hacen querer por su generosidad y simpatía, y tienen la virtud de ser uno de los pueblos más educados, respetuosos y liberales de Latinoamérica. Lo cierto es que, además de una gracia envidiable para bailar merengue, el viajero no encontrará muchos rasgos exóticos en cuanto a “tradición”. En el Caribe, sin embargo, el espíritu negro es el que marca los ritmos, los colores, y sobre todo, una religiosidad singular, ese aspecto tan profundamente arraigado en las culturas afro fuera de Africa (además de la rasta del Caribe, existe, por ejemplo, el vudú en Haití, y la religión umbanda y yoruba en Brasil). En Costa Rica, la cultura negra fusiona sin contradicciones al protestantismo, aportado por los colonizadores ingleses del Caribe, con la religión rasta de raíz africana. No obstante, todo lo que concierne a la rasta se mantiene en profunda reserva, y solo se habla en voz baja después de que el forastero demuestra ser persona confiable. COSTA CREOLE Cuando se atraviesa el país rumbo al este comienzan a aparecer los signos que anuncian la cercanía con el Caribe: las tierras bajas y húmedas, una selva tupida que termina en palmeras y playas de una arena muy blanca, y más allá, la línea turquesa del mar acompañada siempre por una franja de nubes lilas cerca del horizonte. Pero no sólo va cambiando el paisaje: al llegar al pueblo de Puerto Viejo de Talamanca, el viajero percibirá que ha dejado atrás la Costa Rica hispana y latina, la de los criollos que hablan en español y viven del cultivo del café bajo el pulso de los volcanes. El pueblo consiste en algunas calles de tierra junto al mar, un correo, una escuela, casitas de colores rodeadas de jardines increíbles en donde no se distingue la mano del jardinero de la selva natural. Las playas de arenas blancas y cocoteros se extienden interminablemente a lo largo de toda la costa. Las gentes locales son negros de cara plácida y ropas alegres, que viven de una agricultura de pequeña escala y de la pesca. Muchos de ellos no van jamás al médico, ya que tienen una hierba para cada mal. Este conocimiento de las plantas medicinales así como la cocina y la música de esta zona de Costa Rica pertenecen a la cultura negra creole que habita las tierras del Caribe. PARQUE CAHUITA Al norte de Puerto Viejo hay otra población caribeña del mismo estilo, Cahuita, en donde la vida nocturna es más agitada y el look Jamaica, mucho más acentuado. Por las noches, algunos bares sobre la playa se transforman en discos rasta al aire libre, en donde el merengue y la salsa se bailan mano a mano con el reggae. Aquí, los negros y mulatos bailan el reggae y la salsa como dioses, mientras los viajeros se admiran y hacen lo que pueden. Al este del pueblo está la entrada al Parque Nacional Cahuita, uno de los más visitados en Costa Rica, con forma de península que se interna en el mar. Un sendero recorre por varios kilómetros la imponente jungla a pocos metros de la playa. El explorador atento podrá encontrarse con distintas especies de monos, mariposas, papagayos, tucanes, colibríes, pelícanos, iguanas, lagartijas, los inquietantes perezosos, y otras especies tropicales. La playa de aguas cristalinas tiene un arrecife de coral que, con poco esfuerzo y sin arriesgar la vida, regala una experiencia “Jacques Cousteau”: peces loro azul, ángel, isabelita, y corales de nombres tanto o más poéticos, como cuerno de alce, cerebro, abanico de mar, coral de fuego; muchos dicen que es uno de los mejores sitios de Costa Rica para practicar snorkelling. TORTUGAS EN PARTO Bastante más al norte de Cahuita se encuentra el Parque Nacional Tortuguero. En este lugar, desde julio a octubre las tortugas van a desovar en la orilla del mar. El viajero que tiene la oportunidad de presenciar el momento espectacular en que cientos de tortugas enormes invaden la playa, o el nacimiento masivo de las crías, tendrá la sensación de penetrar una ceremonia privada de la naturaleza que será difícil de olvidar. El Tortuguero es además un lugar excelente para la observación de vida silvestre en general, tanto desde las embarcaciones que recorren el río en el parque como desde los senderos en la selva. Además de aves, monos, perezosos y cocodrilos, puede verse aquí la extraña lagartija Jesucristo, que se llama así porque puede caminar (más bien correr) sobre las aguas. Otro animal extraño es el manatí o vaca marina, un mamífero de agua dulce parecido a la foca que hace cinco siglos los conquistadores, tal vez afiebrados por la soledad, confundieron con bellas sirenas. UN EDEN DE SELVA Y MAR Hacia el sur de Puerto Viejo el camino pasa por las pequeñas comunidades de Punta Uva y Manzanillo, y termina en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Gandoca-Manzanillo, a 13 km de Puerto Viejo por un camino de tierra. Esta reserva está enteramente sobre el mar, y por el sur limita con Panamá. Es un mundo de sombras verdes que se va haciendo cada vez más majestuoso. Los árboles gigantescos, de varios cientos de años, albergan encaramadas a sus troncos a miles de plantas de hojas enormes que tienen su hábitat lejos del suelo. Por momentos, el sendero que recorre la Reserva sube y baja por los acantilados a donde el mar va a estrellarse; luego vuelve a internarse en la selva, donde aletean miles de mariposas y se escucha el canto de las aves que la pueblan. Después de horas de caminata, es tiempo de zambullirse en el agua. Entonces, al acercarse al mar se descubre por qué se dice que aquí, en Gandoca-Manzanillo, están las playas más hermosas de Costa Rica. Toda la playa está absolutamente sola, desierta, la arena fresca bajo la sombra de los almendros y, por si fuera poco, el coral divide la línea de la costa en pequeñas caletas que suavizan el ímpetu de las olas y construyen pequeños edenes privados. En esa casi intocada belleza se percibe la inocencia y el poder de un paisaje vivo.
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